La institución contempla abrir la barra libre de efectivo más allá de los bancos. Sopesa adquirir activos en manos de ‘hedge funds’

El BCE, con Christine Lagarde al mando, ha dejado claro que está dispuesto a hacer todo lo necesario para rescatar a la zona euro de la crisis del Covid-19. Y está dispuesto a cruzar todas las líneas rojas. Una de ellas es lanzarse a garantizar la liquidez también de la banca en la sombra –aquellos fondos, hedge funds o brókeres que prestan dinero a las empresas al margen de los bancos tradicionales–, según un documento de trabajo publicado la semana pasada por la institución monetaria. Plantea darles acceso a sus barras libres de liquidez e incluso a los programas de compras de activos.

La banca en la sombra ha sido un dolor de cabeza para reguladores y bancos centrales ya desde los años 80. Fondos y hedge funds tienen más flexibilidad que los bancos para llegar a empresas y sectores con más riesgo, donde la banca tradicional tiene muchas complicaciones para prestar dinero, al no estar sometidos a las regulaciones de los grandes bancos. Sin embargo, estas entidades en la sombra no cuentan con la red de protección de los bancos centrales en forma de subastas de liquidez y programas de compras de deuda.

Pese a que carecen de las bolsas de depósitos a hogares de los bancos tradicionales como contrapartida, estas instituciones en la sombra no suelen tener problemas de liquidez. Para eso funcionan los mercados monetarios. Intercambian con los bancos títulos de deuda corporativa o letras del Tesoro a cortísimo plazo con los que pertrecharse de efectivo para atender a posibles vencimientos o reembolsos.

Sin embargo, tanto la crisis financiera de 2008 como los primeros compases del Gran Confinamiento han taponado los conductos de los mercados de deuda a corto plazo. Por ejemplo, en España ni las empresas con la más alta nota crediticia son capaces de colocar de forma consistente sus pagarés en el mercados. Grandes fondos y hedge funds –ubicados fundamentalmente en EE UU– se han visto obligados a desprenderse de bonos y créditos apalancados a un precio ínfimo solo para obtener liquidez.

“El discurrir de la liquidez de los bancos tradicionales a los no-bancos depende de los mercados monetarios. En una crisis, como esas transacciones deben estar respaldadas por un colateral, la escasez de esos colaterales rompe este flujo. En este caso, la conexión entre el banco central y los no-bancos se corta y nunca les llega la liquidez que inyecta en el mercado”, indica el informe que firman los economistas Quentin Vandeweyer, Adrien d’Avernas y Matthieu Darracq Pariès.

Este mismo informe apunta a una “fragilidad potencial del mercado de financiación”. “Muchas instituciones están sufriendo una transformación en sus activos, estando más expuestas a riesgos de liquidez sin el respaldo de un banco central”, cita.

Los bancos centrales se han puesto a actuar. Ya en 2008 la Fed creó varias facilidades de crédito para inyectar liquidez en los bancos en la sombra. Y en esta crisis la institución que dirige Jerome Powell ha abierto la puerta a adquirir activos con problemas de liquidez con su bazuka de 2,3 billones de dólares.

Aunque la cuestión es menos acuciante en Europa, el BCE se prepara para mover ficha. El mencionado informe apunta directamente a una serie de alternativas. La primera es crear líneas de financiación de emergencia a las que se puedan acoger una amplia gama de instituciones financieras, no solo los bancos, para “reducir la caída en los precios de algunos activos y limitar la magnitud de la crisis financiera”.

La segunda palanca que plantea es abrir los programas de compras de activos a los que detentan estos grandes fondos y no encuentran comprador para garantizar que el dinero fluya también en estos conductos oscuros de los mercados. “Como el sector financiero no bancario crece, estas medidas llegarán a ser parte de la caja de herramientas de los bancos centrales”, apunta.

Estas medidas no están exentas de riesgos. El trabajo apunta al riesgo de dar acceso a estos instrumentos a instituciones al margen de las férreas regulaciones bancarias. Admite que puede incentivar préstamos con demasiado riesgo y dar un trato injusto con el de los bancos tradicionales.

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